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Redactado por: Redacción Espacio Asesoría
4 de junio de 2021

Tentativa de asesinato y dolo necesario

En el conocimiento del riesgo se encuentra implícito el conocimiento del resultado al que queda vinculada la decisión del autor.

Se considera probado que el ahora recurrente abrió las llaves del gas de la cocina, del calentador y de una estufa; que conocía que en el piso vivían las víctimas. Además, observó, por estar presente en el lugar, cómo esa noche la mujer subía al piso; y cómo esta, al entrar, se apercibió de un fuerte olor a gas que obligó a alertar a la policía. No obstante, no se considera suficientemente acreditada la alta probabilidad de explosión que acabaría con la vida de los que allí se encontraran por activar una fuente de ignición tales como un mechero, un cigarrillo o un interruptor de la luz.

Por tanto, no solo se dio inicio a actos externos típicamente significativos y tendencialmente orientados a producir el resultado de muerte, sino que, además, se introdujo un valorable grado de idoneidad para alcanzarlo.

No puede declararse probado que el grado de probabilidad de causación fuera muy alto. Pero, de ahí, no cabe concluir, de contrario, ni mucho menos, que la acción no introdujo ningún peligro o que el introducido fuera inocuo. Toda acción de apertura no controlada de gas, desde máximas de experiencia común, introduce, dado un suficiente volumen acumulado en un determinado espacio, un riesgo específico de deflagración y de que esta pueda resultar idónea para acabar con la vida de quienes puedan verse afectados por la misma.

Debe recordarse que la tasa mínima de idoneidad exigible para la punición de la forma intentada, no debe confundirse con la que se decanta de la acción que produce el resultado. La tentativa inacabada comporta siempre un grado ontológico de inidoneidad -el que explica, precisamente, que no se haya producido el resultado-. Pero la inidoneidad que priva de significado penal a la propia acción, es aquella que en una valoración ex ante permite concluir que por los medios empleados en ningún caso podría llegar a producir el resultado. Esto es, cuando no existe una puesta en peligro ni concreta ni abstracta. Y, es evidente, que este no es el caso.

Además, concurre con claridad el aspecto subjetivo reclamado por el tipo de asesinato. El recurrente patentizó de forma expresa por los actos previos y por el modo escogido para alcanzar su proyecto criminal una clara voluntad de causación, un dolo directo de matar. En modo alguno se identifican fórmulas condicionadas ni representaciones posibles aberrantes sobre los riesgos introducidos que permitan un espacio para la duda sobre la voluntad de matar del recurrente.

Para poder imputar un tipo de homicidio a título doloso, basta acreditar que el autor dispone de la información suficiente para explicar el resultado de muerte como una consecuencia de la acción que se dispone a ejecutar. Es decir, que abarque intelectualmente el riesgo que permite identificar normativamente el posterior resultado. En el conocimiento del riesgo se encuentra implícito el conocimiento del resultado al que queda vinculada la decisión del autor.

STS (PENAL) DE 5 MAYO DE 2021. EDJ 2021/548530

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Tentativa de asesinato y dolo necesario

En el conocimiento del riesgo se encuentra implícito el conocimiento del resultado al que queda vinculada la decisión del autor.

04/06/2021
Redactado por: Redacción Espacio Asesoría
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